11 de septiembre de 2010

De cero


Putas las horas disipadas en la vaga acción de cambiar de página. Nunca la carne, nunca la sangre. Libertad de conjeturas humilladas en palabras, mías y a veces tuyas. La incesante extrapolarización de lo mucho y lo poco. La poesía más cagada de hambre.
Y allá en lo estoico estás vos, allá donde el sueño es contradictorio y fríamente imperturbable me hostigás excéptico. Oliendo a yerba fresca o a libro por comprar, pero nunca a rito escarlata.
La dictadura del mudo, oda que sabés de memoria, toma mi vida por el cuello y en una suerte de esbozo pesaroso profana mi veto hasta evacuar toda duda.
Invitados a ahogarse en el texto más arcaicamente escrito, cubierto de semen y bálsamo de monja, nos enamoramos un poco más del otro y un mucho más de nosotros mismos.