31 de diciembre de 2010

1880


Manos corrompidas en el temblor de la noche, cuerpos exhaustos que nacen y mueren en un sin fin antológico.
Garabatean un nombre que el tiempo se encargó de borrar. Una imagen sepultada entre pestañas, un perfume que anticipa la inevitable vuelta atrás.
Nada. La nada misma somos en este tango de carnes, y lo poco que nos queda por cordura se pierde en cada beso vencido.