2 de enero de 2011

Incertilumbre


-El suelo se rompe, Rogger.
-Carmela, el suelo no se rompe
.
-Sí (Estática y perdida, esperando que la afirmación vuelva para salvarla)... Sí, sí, el suelo se rompe, Rogger. El suelo se rompe, y es una de esas tantas verdades que se nutren de desgracias humanas. ¡De nuestras desgracias, si nos esforzamos en verlo así!
-¿Te preocupa?
-¿Si me preocupa? Si el suelo se rompe, en dónde caemos, ¿me lo podés explicar? ¡¿En dónde caemos, Rogger?!
-Carmela, es muy simple... Verás, si el suelo se rompe... (Mira bajo sus pies, gira la cabeza, gira el torso entero. Mira nuevamente bajo sus pies. De su bolsillo saca una lámpara de bajo consumo) ¡si el suelo se rompe entonces caemos donde todos!
(Carmela ríe, llora, vuelve a reír, finge llorar)
-¿Te preocupa, Carmela?
-Me preocupa la vida, Rogger. La vida mía, y la tuya... ¡nuestra vida, Rogger! Si el suelo se rompe y entonces caemos donde todos, ¿para qué uno se esmera en ser uno? O, en nuestro caso, en ser dos, ¿para qué nos esmeramos en ser dos si luego caemos donde todos?
-La Vida, Carmela, no uses esa palabra. Es peligroso... sí, es muy peligroso hablar de la Vida cuando el suelo se rompe. Y no metas a Dios en esto, ciertas conjugaciones anticipan el comienzo del caos. Mejor mantenerse callados.
(Carmela ríe, se averguenza. Intenta recomponerse, vuelve a reír. Se recompone.)
-Entonces callemos, hagamos el amor.
-(Enciende un cigarro) Me preocupás, Carmela. Si te asusta tanto que el suelo se rompa, no quiero ni imaginar el día en que el cielo se caiga.
-El cielo ya cayó, Rogger. Y yo caí con él, me explotaron los sueños como a dos tetas imaginarias. No entendés nada, ¿verdad?
-Sólo entiendo que estoy roto. Como el suelo, como el cielo, como vos, ¡y como nosotros también! Tenés razón, Carmela... callemos, hagamos el amor.